El movimiento que inicialmente surgió en España como respuesta a la cuestionable administración que tiene al borde de la crisis económica y social al país ibérico, no tardó en sentirse en otros lugares del planeta. En Chile los estudiantes plantaron su voz de protesta en contra de las reformas educativas que tienen en jaque al gobierno de Piñera, a pesar de los altos índices de popularidad que había mantenido hasta el momento.

Otros países de América Latina sumaron su voz y su cuerpo para gritar "¡indignados!", entre ellos México, Brasil, Argentina y por supuesto, Colombia. Desde hace ya algún tiempo, parece que nuestro país empezó a decir "¡basta!" y a exigir los derechos y obligaciones mínimos de una democracia. Una de los primeras manifestaciones qué empezó a sonar con fuerza fue la de ‘Los antifaces’ liderada por el escritor y guionista Gustavo Bolívar, a la cual se unieron diversos artistas locales para apoyar la movida que se convocó especialmente a través de las redes sociales y se llevó a cabo el 21 de agosto en todas las ciudades del país, y adoptó como símbolo el antifaz como ironía y caricatura de la corrupción.


De aquel entonces surgió el movimiento ‘Manos limpias’ que, podríamos decir, es la versión colombiana de los ‘indignados’ en el mundo. Una de las movidas que llamó más la atención fue la 'Corzatón', una colecta en la que se recogieron $152′ 380.000 con la participación de colombianos en diferentes ciudades del país y del mundo, para ayudar a que los pobres congresistas pudieran tanquear sus camionetas. Recientemente, en las marchas que se realizaron hace pocas semanas de manera simultánea en varias ciudades en contra de la cuestionada LEY 30, se dejaron ver ingeniosas formas de protesta en las cuales el arte y la inteligencia mandaron la parada.


Muchos artistas alrededor el mundo también han dejado escuchar su voz de apoyo a los indignados; más de cien escritores, entre ellos Salman Rushdie, Michael Cunninghan y Naomi Klein, publicaron un manifiesto de apoyo al movimiento. Queda claro que el arte cuestiona y transgrede las fronteras políticamente correctas que muchos no se atreven a cruzar, y como forma de expresión es una de las herramientas más fuertes y contundentes para cambiar el mundo, o por lo menos exigir transformaciones a golpe de música, performances e ideas.















