LA ZONA DE TOLERANCIA
En el marco de una política de planeación urbana, se firmó el acuerdo No. 11 de 1931 del Concejo Municipal, en el cual se delimitaba un terreno de la ciudad dispuesto para el ritual de las 'prácticas nocturnas', relacionadas con el baile, la rumba, y la prostitución. Inicialmente esta zona estuvo ubicada entre la Carrera 10, de la 15 a la 25, y posteriormente a partir de la década del cincuenta, entre el barrio Sucre y el barrio Obrero, en la calle 19 entre Carera 12 hasta la 14.

Esta zona se convirtió en los años cuarenta en un centro de diversión popular urbano, como lo recuerda Alfredo 'Salsa' Salcedo, “existía en Cali la zona de tolerancia que era un sitio demarcado por el gobierno municipal donde reinaba la alcahuetería, se podía hacer de todo, era una zona limitada, pero el permiso para los menores era negado, no podían pillar un menor porque ahí mismo lo cogía la radio patrulla y después le ponían la multa a los padres, por dejar ir a los menores a sitios que no les correspondían. En esa zona de tolerancia se veían camajanes que les llamaban, el arrebatado, el que fumaba marihuana, las prostitutas, los burdeles, todo quedaba dentro de esta zona. Estaba demarcada en el barrio Sucre y en el barrio Obrero más que todo, de los barrios más antiguos de Cali, por la calle 19 entre carrera 12 hasta la 14 todo ese sector y alrededor todo eso era la zona de tolerancia, que hoy día queda la platería Ramírez, todo eso eran bares.”
Para entrar a la Zona de Tolerancia era necesario ser mayor de edad. Sin embargo, era tal la curiosidad de los jóvenes de la época, que ingresaban de forma clandestina. El baile y las mujeres era su mayor atracción, por eso escondidos detrás de las ventanas observaban sigilosamente.

Cafés, billares, discotecas, baile, sexo y licor, fueron los escenarios que hicieron de la Zona, el lugar de referencia de una parte de la sociedad caleña a finales de los años 40 y 50, hasta que fue prohibida mediante acuerdo del Concejo Municipal.
UN NUEVO PANORAMA MUSICAL EN LA CIUDAD
En la década de 1970 el panorama rumbero de la ciudad cambió significativamente. A diferencia de la década del cincuenta cuando existía la Zona de Tolerancia, ya no había un lugar demarcado para la rumba ni la vida nocturna, por el contrario, los lugares destinados a la música y el baile aparecieron en diferentes escenarios, concentrándose especialmente en tres sectores: En el norte, en el barrio La Merced, sobre la Avenida Colombia, entre Carrera 1ª y 4ª; sobre la carrera 8ª entre calles 27 y 34; y la calle 5ª sur entre los barrios Tequendama y San Fernando.




En este contexto de transformación social, los géneros de la música popular latinoamericana como el tango, el bolero, la música afrocubana, el pasodoble, el fox trot, la ranchera y la "música Colombiana", según Ulloa “convivirían masivamente en un primer momento de recepción simultánea, mientras el gusto popular, moldeado bajo las nuevas condiciones sociales en la ciudad, decantaba los públicos para cada género y definía los usos que crearían signos de identidad adscritos y sectores específicos de la población.” Asi, los géneros que se escuchaban masivamente en la ciudad fueron decantando su propio público, y formando su propia audiencia.
NOCHE DE RUMBA
Estos sitios privilegiados para la rumba y el baile en la ciudad, se convirtieron en escenarios claves para el encuentro y la interacción de los ciudadanos, que iban a los diferentes sitios que les ofrecía la ciudad para mostrarse y exhibir sus destrezas en el baile, y así legitimar sus conocimientos en una disputa permanente por el capital cultural de la ciudad. Así según Rafael Quintero, “Los jóvenes caleños integraron toda la rebeldía y el rompimiento de viejos valores al frenesí de la rumba. (..) Ellos disputaban hegemonías en las pistas, las mujeres caleñas afirmaban su independencia, los discómanos engrandecían discotecas y bailaderos con su música”

Cada encuentro en un Grill se convertía en una guerra de ritmos y destrezas entre los bailarines que toda la noche hacían gala de sus pasos, cadencia y movimientos. En sus relatos cada uno habla de sus logros, de sus hazañas, recuerdan aquellas épocas como momentos gloriosos donde eran invencibles y sus pies eran lo único necesario para conquistar el mundo.

Se conformaron escenarios de intercambio y circuitos artísticos relacionados entre sí, que sirvieron de marco para el encuentro y construcción de identidades, y que además se alimentaron mutuamente en la consolidación de este campo cultural. Un ejemplo de esto, fueron los concursos de baile que se realizaban en los Grilles más famosos de la ciudad; los más importantes en la década del 60, eran los que se realizaban en el Grill Costeñita, posteriormente llamado Aretama, ubicado en carrera Octava con calle 26, pues debido a la complejidad y el alto nivel de exigencia para saber bailar cualquier ritmo musical, estos concursos eran llamados “concursos sangrientos”.

“El concurso era cada mes y había gente que practicaba tres meses antes, dos meses antes, y bueno llegaban allá..pero como no eran bailarines completos y el concurso era denominado “sangriento” porque resulta de que ponían un vaso y ponían los nombres de cada ritmo y echaban esos papeles ahí, lo que sacaran tenían que bailar, por eso se llamaban “concursos sangrientos”. Habían bailarines que sacaban ciertos ritmos y no lo sabían e iban y se sentaban, ellos mismos se eliminaban” . Alfredo "Salsa" Salcedo

“Entre más sitios visitáramos nosotros por la noche era para nosotros como llenar el espíritu, decir uno estuve en el 'Séptimo Cielo', de allí me fui pa’ 'Escalinata', me amanecí en 'Juanchito', eso era para nosotros una proeza, pero como te digo no nos impulsaba el licor sino el baile, era puro baile.” Miguel Ángel Barrios "El Chato"
“La noche podía ser de uno o dos días. Siempre el caleño, si usted nota, si se pone a escuchar la radio, o hace una programación de grilles, u todos los días tiene una celebración: lunes del desenguayabe, martes del chivo, (...) viernes porque era fin de semana, sábado porque era ya el día de la rumba, sábado y domingo, pa’ las agualulos y volvía lunes del desenguayabe…,”. Rafael Aragón
















